Octubre 2020

Diez meses escribiendo este diario mensual sin más afán que obligarme a sentarme unos días de cada mes a reflexionar y escribir y, quizás, releer todos estos garabatos mentales dentro de unos años con la perspectiva que da el tiempo. No hay ningún plan ni ningún guión, todo lo que escribo es para mí. El tiempo es el mejor juez que conozco y también el mejor calmante “todo lo bueno pasa pero también todo lo malo”, se lo escuché una vez a Garci y creo que lo escribí hace años por aquí. Digo creo porque no me gusta releer mis entradas antiguas, ya que me producen una mezcla entre pudor, por volver a escucharme, y de dolor, por el paso del tiempo. El tiempo es el mayor castigo que nos impuso Dios a los hombres y por el contrario, y aunque nos pudiera parecer mentira en un primer vistazo, la mortalidad el mayor regalo. Lo mortalidad del hombre como regalo de Dios se lo leí a Epicuro en el libro de Emilio Lledó sobre el epicureísmo. Me pareció una de las reflexiones más acertadas que he leído ¿cuál sería el sentido de una vida inmortal? ¿Nos pondríamos objetivos? ¿Existiría una vida plena cuando no podríamos morir por algo? Si fuéramos inmortales nos afanaríamos en buscar la mortalidad desafiando por ello a Dios o al creador del programa informático en el que vivimos. Así es el hombre, no tiene remedio.

“Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es la privación del sentir. Por lo tanto, el recto conocimiento de que nada es para nosotros la muerte hace dichosa la condición mortal de nuestra vida; no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de la inmortalidad” Epicuro. Epístola a Meneceo.

Cuando me siento a escribir y las palabras brotan solas sé que lo que anotó nace de algún lugar honesto y sincero, no hay nada impostado ni falso, es puro como la infancia. Al contrario, si necesito pensar demasiado o inspirarme ojeando un libro donde en su momento subrayé un párrafo soy consciente de que lo que quiero dejar escrito se asemeja más a la bisutería que a la joyería, es mezquino tratar de engañarse a uno mismo. Igual que es un síntoma de mezquindad no reconocer la superioridad de otros. He tratado siempre de huir de la bisutería en mi vida; sin embargo, la vida es una lucha constante entre lo que somos y los que nos gustaría ser, entre ahorrar o disfrutar, correr o andar, quedarte en casa o salir, aceptar el reto o rehuirlo, entre el deseo o la represión. Quizás el éxito de una vida feliz sea evitar los conflictos internos y quizás también la forma de lograrlo sea indagar en nuestro yo más profundo, el que nadie conoce, ni nosotros mismos, buscando el origen de nuestros conflictos, desdichas y desgracias. Indagar en ese yo no es complicado pero sí extremadamente doloroso porque el resultado, aun siendo acercarnos a la felicidad plena, supone contemplarnos ante el espejo más cruel, el mismo que nos muestra quiénes somos realmente…. y bien sabemos que los espejos tienen una cualidad que no tenemos los hombres: no mienten nunca.

Mi mundo es cada vez más pequeño aunque el mundo cada vez sea más grande.

Estaba leyendo en la página web del restaurante Viridiana su menú cuando me topé con una frase de Borges que enlaza con la visión que varios autores clásicos tiene sobre la fortuna: “La puerta es la que elige, no el hombre.”

Vivimos en un mundo absolutamente moralista e insoportablemente inmoral.

Un pensamiento en “Octubre 2020”

  1. «He tratado siempre de huir de la bisutería en mi vida; sin embargo, la vida es una lucha constante entre lo que somos y los que nos gustaría ser, entre ahorrar o disfrutar, correr o andar, quedarte en casa o salir, aceptar el reto o rehuirlo, entre el deseo o la represion» Totalmente de acuerdo

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