Julio 2020

Principios de julio y regreso por tercer año consecutivo a Formentera para pasar un fin de semana largo con unos amigos que se encuentran ya por la isla. El jueves, como los años anteriores, tomo el primer avión que sale de Madrid con destino a Ibiza. Los horarios se cumplen y a las nueve de la mañana estoy en el puerto de Formentera esperando a que algún amigo se despierte y tenga la amabilidad de venir a recogerme con el dingui. Como sé que mis amigos están durmiendo y yo disfruto de una perfecta armonía con una terraza del puerto y mi café (los tres años en la misma terraza, Amarre 32, y no estoy dispuesto a negociar un cambio), no les quiero avisar de mi llegada hasta más o menos las once. Los años anteriores tuve que sacar el ordenador, aquí mismo en Amarre 32, y ponerme a trabajar porque, desafortunadamente, el guión de mi vida alguna vez no lo escribo yo. Pero este año ha sido diferente. Estaba yo confinado en la autobiografía de Luis Racionero, Memorias de un Liberal Psicodélico, y, al mismo tiempo, observando de reojo cómo limpiaban a conciencia un barco amarrado en frente de mi mesa cuando me abordó una casi plena sensación de felicidad para inmediatamente después abrazarme una profunda melancolía. ¿Tres años ya desde que quedamos en julio para pasar unos días en Formentera? No puede ser. Se cumple aquello, que tanto oía de joven pero que con la arrogancia de la juventud pensé que nunca me alcanzaría, de que a medida que te haces mayor (o más viejo) el tiempo pasa más deprisa. Pido mi segundo americano y un agua con gas y me pongo a pensar sobre el tiempo. Quizás el tiempo no existe, quizás sea una invención nuestra, como las matemáticas, los derechos humanos o la amistad entre un hombre y una mujer. Consideramos que el tiempo es lineal cuando en realidad el pasado no existe y el presente nunca puede ser porque siempre es ya pasado. ¿Qué es el futuro? Sentado aquí en una terraza de una isla mediterránea percibo claramente que el tiempo es circular, un círculo compuesto de puntos que vamos recorriendo a lo largo de nuestra vida y que cuando has vivido lo suficiente simplemente vuelves a pasar por esos mismos puntos. Por ello afirmo que no hay pasado. Si el tiempo es circular, no se puede medir ¿qué somos nosotros entonces si toda nuestra vida gira en torno a nuestras experiencias pasadas y el anhelo de experiencias futuras? No lo sé.

“¡Futuro! Es un invento para arruinar el presente.” De la película Y Dios creó a la mujer. Roger Vadim (1956).

Luis Racionero y Lucía Bosé fallecieron este pasado marzo. Lucía sobrevivió 15 días a Luis. Eran muy amigos, lo he leído en la biografía de Racionero. Tan amigos que él pasaba largas temporadas en Marbella en casa de Miss Italia 1947. Nadie les ha relacionado y eso que han fallecido casi a la vez. Son los misterios del destino. No me interesa el tiempo porque no me interesa lo que no existe, sí me interesa conocer si somos fruto del azar o de un plan. Ése es el gran misterio de la vida. Nunca lo sabré, y creo que nunca lo sabremos, pero estoy seguro que la respuesta está ahí, visible a todos, siempre ha estado ahí… simplemente, nunca hemos buscado bien. Puede que alguno haya tenido o tenga la respuesta y no le hemos querido escuchar.

El otro misterio de la vida es el amor. Dos personas que no se conocen se encuentran por primera vez, se miran a los ojos y booom el Big Bang sucede de nuevo, en un instante se han enamorado, en menos de lo que dura un parpadeo… ¿a cuántos desertores de la vida el amor les ha rescatado? ¿No es un gran misterio, quizás el misterio más grande de nuestra corta existencia, que algo que no sabemos cómo surge salve vidas?

Cuando no me interesa la gente olvido rápidamente su nombre. Hay algunas personas con las que en breve ya no podré mantener una conversación porque se me olvidarán hasta las palabras.

El precio de la independencia es la soledad. No hay nadie enteramente independiente (nadie), pero sí hay personas completamente solas.

Cuando el rey Pirro, el de las guerras pírricas, trató de pasar a Italia desde el Epiro, ahora Albania y tierra de Olimpia (la madre de Alejandro), uno de sus consejeros, Cineas, le quiso advertir de su vanidad. ¿Con qué fin queréis pasar a Italia? Le preguntó el consejero. Para hacerme con Italia, contestó Pirro. ¿Y luego? Le volvió a preguntar Cineas. Pasaré a la Galia para después conquistar España, y tras estas conquistas subyugaré África, y ya con todo el mundo conquistado, podré retirarme a descansar y ser feliz. ¿Y qué os impide, majestad, descansar ya y ser feliz? Le preguntó el consejero. 

¿Nos hacemos las preguntas correctas?

7 pensamientos en “Julio 2020”

  1. “El precio de la independencia es la soledad”. Qué duras son algunas cosas que elegimos para nosotros mismos.

    Disfruta del resto del verano.

    Un saludo.

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