Mayo 2020

Mientras paseo por casa me entretengo con un podcast donde me dicen que Felipe II era un enamorado del silencio de las piedras de su Escorial. Imagino unas piedras, más pesadas que las del resto por la carga adicional de valores y espiritualidad, entregándole cada mañana a nuestro rey la necesaria educación silenciosa para dirigir varios continentes. Unas piedras que entendían el espíritu del Habsburgo y un Habsburgo tratando de no hacer ruido para no perturbarlas. Qué maravilla.

Durante este mes adicional de reclusión he leído una anécdota de Diógenes el Cínico que se me ha esposado a la mente: Diógenes pasaba por ser un filósofo que no poseía nada excepto un esclavo, un día el esclavo se escapó y le preguntaron a Diógenes que por qué no denunciaba la huida; éste les respondió que si el esclavo podía vivir sin Diógenes, Diógenes debería poder vivir sin el esclavo.

Todo lo que es dado puede ser quitado y todo nos ha sido dado.

Acabo de finalizar a Montaigne y regreso, como un enfermo puntual, a mi médico, Séneca, médico que comparto también con el francés. De alguna manera, muy lejana, pienso que somos de la misma tribu, yo el más bajo en la escala social, el menos importante, pero de la misma tribu.

Si algo he podido hacer durante este periodo de anormalidad es conversar conmigo. Vuelvo la cabeza atrás para observar estos últimos años, hacerme reflexiones y preparar la ruta.

“Me dejo llevar como huésped allí donde me arrastra la tormenta” Horacio.

Algunas veces (muchas veces) no hay que tener opinión de todo.

Leo a Óscar Tusquets “uno se acaba de morir del todo cuando se muere el último que le ha conocido vivo”. Qué fuerza tan poderosa es el recuerdo que cuando un ser querido fallece los vivos nos embarcamos en finalizar sus empresas, perseguir sus sueños, reconocer como propios sus fracasos y hasta pagar sus deudas, reales o imaginarias, si así le podemos mantener bajo llave en alguna habitación de nuestra memoria.

52 días después regreso al mundo de la calle. Dudo que un acontecimiento similar se repita en toda mi vida ¿pero cuántas cosas he creído con la contumaz tozudez de un burro y luego la realidad se precipitó por otro camino?

Opino (aunque no haya que tener opinión de todo) que a Montaigne el paso del tiempo le ha beneficiado porque lo que nos dejó como guía probó ser fiable, auténtico y verdadero, y ahí están los siglos como jueces, pero también por su incontrolable nacimiento como francés y ensayista en tal lengua. En aquella época Francia era un país dividido por las guerras de religión, con una monarquía débil y un pueblo enfrentado, pero los siglos se fueron sucediendo y el Estado se asentó, las matanzas cesaron y el centralismo ganó la batalla. Y como testimonio de la nueva Francia ahí están los siglos XIX y XX ¿cuántos grandes pensadores, escritores, filósofos, incluso superiores a mi gentilhombre, se han ahogado en el mar del olvido porque nacieron en un territorio al que la tempestad hundió?

“Hasta la adolescencia, la memoria tiene más interés en el futuro que en el pasado, así que mis recuerdos del pueblo no estaban todavía idealizados por la nostalgia” Gabriel García Márquez en sus memorias.