Marzo 2020

Recluido con mi madre durante el periodo que sea necesario. Mi madre está contenta porque un hijo le hace compañía, aunque quizás hubiera preferido otro hijo para una reclusión. Por las noches vemos una película clásicas. Hemos visto ya Eva al Desnudo, El Apartamento, Las Uvas de la Ira, Historias de Filadelfia y otra que ahora mismo no recuerdo. Esto va para largo pero me distribuyo bien el día entre trabajo, lecturas, películas y algo de ejercicio. Vamos a exprimir a nivel mundial la famosa máxima de Pascal y comprobaremos dónde está el límite de cada uno.

«Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación.» Pascal.

Estaba yendo a clases de sevillanas. Un pequeño reto. No soy muy buen bailarín (traducción: tengo dos patas de palo por piernas y una cintura de titanio)

Me acuerdo de esto de Loriga: “Y por más que ahora quiera ser de una vez el hombre que baila, condenado como está a ser el hombre que mira, no encuentra ya ningún consuelo”. De su libro Ya sólo habla de amor.

Este verano pasé unos días en casa de un amigo en Ibiza. Su retiro ibicenco es de productor de Hollywood de la época dorada y se encuentra cerca de una cala con unas preciosas vistas. La morada es muy luminosa y los vecinos de la urbanización son de los considerados “ilustres”. A mi amigo le ha ido muy bien con sus negocios y una tarde nos hizo un reflexión que me persigue desde entonces. Nos comentaba, con total franqueza y sin exagerar, que creía haber alcanzado ya todos las metas profesionales que se había ido poniendo y que al llegar a la cima, no había sentido nada, ni un especial orgullo, ni tampoco un placer diferente al de otras ocasiones, nos insistía en que ahí arriba no hay nada y que ahora sin metas se sentía perdido en el plano profesional. Yo miraba a todos los lados, de frente el Mediterráneo, a la izquierda la piscina, a la derecha un campo de fútbol sala y pensé que quizás es cierto aquello que tantas veces he escuchado y que nunca había querido creer (quizás porque opinaba que tiene algo de cursi o, a lo mejor, porque me suena a excusa fácil de aquellos que prefirieron renunciar a las metas y esconder así un fracaso cuyo culpable es la pereza o la vagancia), la idea de que el camino no sólo es lo importante, sino lo único; de que realmente no hay metas o que si las hubiera el fin no es alcanzarlas sino lo que te ha ido ocurriendo durante el proceso: la gente que has conocido, los esfuerzos que has hecho, los sueños que has tenido, las esperanzas que te has ido creando. Ahora sí que tengo dudas, dudas sobre todo.

Pensando tanto en ello, hoy me he encontrado esta frase de Montaigne que he subrayado: “El papel propio de la verdadera victoria es la lucha, no la salvación; y el honor de la virtud radica en combatir, no en vencer”.

No me gustan las fotos coloreadas. Es como el mal periodismo, te dejan ver la noticia pero no te permiten acercarte a la realidad.

Al irme de mi casa no he podido comprar flores estos dos últimos viernes. Las últimas que compré fueron gerberas y crisantemos. Seguirán en el jarrón muriendo cada día un poco, lentamente. Siento pena por ellas.

El año que me apunto a aprender sevillanas suspenden todas las ferias por una pandemia mundial.

En la terraza de Ibiza olía a dama de noche. Qué maravilla de olor, qué sensación de sentirse libre, en paz, feliz, y deseoso de emprender nuevas empresas y todo gracias una copa de vino blanco (era José Pariente), el olor de la planta y una noche de verano en el Mediterráneo.

Veo tocar el violín con pasión, manejándolo como si fuera una extremidad más de su cuerpo, y yo que no sé hacer nada, me quedo fascinado.

Me he dado cuenta paseando estas últimas semanas por Madrid de que hay muchos almendros en flor por sus calles. Tantos años viviendo aquí y no había visto ni uno antes. Miro pero no veo. ¿En cuántas más cosas seguiré ciego?

De la biografía de Sila paso a leer las Catilinarias de Cicerón, de ahí a El Orador y Las Paradojas de los Estoicos, también de Cicerón, Séneca nunca consideró a Cicerón un estoico porque estaba alejado del modelo estoico de no buscar gloria ni riquezas. La tercera o cuarta Catilinaria es una autoalabanza para decirnos que él salvo a Roma y se compara con Rómulo y Mario. Acabo de terminar el capítulo que Montaigne le dedica a Cicerón.

“¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?” cambias Catilina por cualquier otro nombre y encaja perfecto.

No me gusta el mensaje que se está lanzando durante la pandemia de que todo saldrá bien, básicamente porque es mentira. No saldrá bien para la gente que fallezca, que ya son miles y serán decenas de miles más, tampoco para sus familiares que nunca se recuperarán; y qué decir de la economía, donde tendrán que tomarse las mismas medidas que en una época de guerra: quitas de deuda, que las empresas dejan de producir en lo suyo para producir bienes de primera necesidad, desempleo, más deuda, nacionalizaciones… El mensaje es seguir infantilizando la sociedad. Pero todavía hay algo que me gusta menos, que nos muestren a niños lanzando el dichoso mensaje de que todo saldrá bien o haciéndoles dibujar pancartas para colgarlas en los balcones.

Veo con mi madre Cantando bajo la Lluvia y pienso que si la definición de bailar del diccionario encuadra tanto a lo que hago yo en mis clases de sevillanas como a lo que hacen Ginger Rogers y Donald O’Connor estamos ante un tremendo error que la RAE debería subsanar el mismo día que levanten el confinamiento.

Montaigne se retiró voluntariamente a los 38 años a una torre de su castillo a escribir sus ensayos.

“Dudar me gusta tanto como saber” de Dante, lo cita Montaigne.

Qué pena me da haberme dejado en mi casa de Madrid los Diarios de Iñaki Uriarte. Es el compañero perfecto para estos tiempos de reclusión. Libro de mesilla de noche, leer una página y cerrarlo. Tiempos convulsos dicen algunos ¿pero cuándo no ha vivido la humanidad tiempos convulsos?

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