Febrero 2020

¿Y si la pereza no fuera tan horrible (pecado capital) porque así los malos no llegan a realizar algunas de sus malvadas actuaciones?

Ha fallecido David Gistau. Le conocí en enero de 2014, el mismo día que conocí a Jabois. Quedamos a comer un sábado en un restaurante de la plaza Marqués de Salamanca. Era un tipo cercano. Luego escribió dos artículos en el ABC en los que me citaba y que, obviamente, me hicieron mucha ilusión. Los tengo aquí en casa guardados en una especie de baúl debajo de una mesa del salón. Nunca los he vuelto a leer. En ese baúl he ido metiendo momentos de mi vida que merecen la pena ser recordados, la mayoría son recuerdos agradables pero hay algunos que todavía duelen y dolerán siempre. Así de primeras, me vienen a la cabeza algunos recuerdos encerrados en el baúl: las bandas de graduación de la universidad, los artículos de Gistau, la esquela del fallecimiento de mi padre, entradas de partidos del Madrid, un artículo que le escribió un amigo de mi padre en El Diario Montañés uno o dos años después de su fallecimiento, sé que hay fotos pero no recuerdo de qué, la factura de alguna comida con amigos que merece la pena ser recordada… ¿qué tendré guardado que ahora no recuerdo? Nunca me he atrevido a abrir el baúl, cuando meto algo, que no es muy a menudo, lo tiro sin mirar y sin orden. Algún amigo lo llamaría vertedero emocional, pero yo creo que es más como un trastero emocional. Un lugar donde vas dejando recuerdos sin ningún tipo de orden y a donde no quieres nunca ir pero que, sin embargo, te da cierta tranquilidad saber que existe; es como una especie de herencia de mi paso por la Tierra. Con la muerte de Gistau pensé en abrirlo y leer los dos artículos. No he tenido fuerza. Ahí sigue el baúl, mirándome mientras escribo. Estoy recordando el chorro de voz de Gistau. Descanse en paz.

Séneca sobre la brevedad de la vida: “No hallamos a nadie que quiera compartir su dinero: ¡entre cuántos distribuye cada uno su vida! Son parcos a la hora de conservar su patrimonio: tan pronto llegó la ocasión de perder el tiempo, son muy derrochadores de su tiempo, única cosa en la que ser avaricioso es una virtud”.

En el hotel Uro con C., llega el pianista, nos saluda y se pone a tocar. Estamos solos a excepción de un señor mayor inglés, muy mayor, que habla con el pianista y se emociona con las canciones que van sonando. Precisamente a Gistau le leí un par de veces que Manuel Vincent le decía que hacerse mayor es que te reconozcan los pianistas de los hoteles. C. me pide que hable con el pianista para pedirle Piano Man, cuando suena se acerca a mí y se emociona. Hay momentos, situaciones o recuerdos que no se pueden meter en el baúl pero que, no obstante, siempre quedarán guardados y clasificados en mi memoria. Éste es uno de ellos.

¿Qué es mi (la) vida sino recuerdos?

Día de San Valentín y he tenido examen en la UNED de historia antigua. Me ha ido bien: civilización minoica, religión en el Imperio Antiguo, la tetrarquía… hacía tanto tiempo que no escribía tan seguido a mano que me ha estado doliendo gran parte del examen. Cuando he salido había un sol madrileño de febrero, era viernes por la tarde y he sentido la misma liberación que puede sentir un preso al abandonar la cárcel, pero si algo he disfrutado al volver paseando a casa ha sido un momento de felicidad. La misma que cuando salías contento de un examen a los 19 años. Al final, la vida no cambia… tanto.

Hoy hace ocho años que falleció mi padre. Sólo somos recuerdo.

También Séneca: “vivís como si fuerais a vivir eternamente, jamás os acordáis de vuestra fragilidad, nunca reparáis en cuánto tiempo se os ha ido ya”. La parte en negrita yo lo traduzco así: vivimos como si fuéramos inmortales.

Es viernes y me he comprado flores. He decidido que a partir de ahora siempre tendré flores en casa. Las he puesto en el centro de la mesa del salón. Para este primer ramo he dejado que la dependienta decidiera. Qué maravilla, cómo huele la casa. Me quedo mirándolas mientras leo desde el sofá, me dan alegría y producen belleza ¿quién puede decir que dejará el mundo aportando alegría y belleza al resto?

He visto la película Lady Bird. Hacía mucho que no veía una película con tanta sensibilidad. No parece de nuestra época.

Sábado y tengo un cumpleaños en club Allard. Me he puesto el esmoquin. No se me ocurre un acto más revolucionario en el 2020.

Estoy deseando llegar a casa para ver las flores.

He leído un biografía de Sila para el examen de historia antigua y profundizar en las guerras civiles entre Mario y Sila. Me ha fascinado el personaje de Sila; sobre todo porque tras convertirse en dictador (sanguinario) y emprender una serie de reformas, decidió abdicar y retirarse a vivir como un ciudadano más los últimos años de su vida. ¿Quién ha podido tener más poder que un dictador romano? Nadie sabe por qué decidió abdicar. Dice Plutarco que tras la abdicación: “paseaba por el Foro como simple ciudadano, exponiendo su persona a los atropellamientos e insultos.” ¿Quién haría algo así en el 2020?

Cambio todos los días por la mañana el agua a las flores, me produce paz y también alegría. Qué bien huele la casa.

4 pensamientos en “Febrero 2020”

  1. Creo que es uno de los textos más bonitos y sinceros que has escrito hasta la fecha.
    Es agradable saber que aún quedan hombres que saben apreciar la sensibilidad de ciertas cosas y momentos.
    Me ha gustado mucho, un saludo.

    Lidia

  2. Cuántas veces comprar el periódico e ir directamente a buscar lo que había escrito David Gistau.

    Un placer.

    Saludos desde el Sur.

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