Marzo 2020 (II)

Una semana más recluido, reclusión total, ni he salido de casa. Han transcurrido más de 15 días desde la última vez que decidí coger aire pisando una acera y, sin embargo, estoy absolutamente tranquilo, relajado, de buen humor, en paz conmigo y de alguna manera puedo decir que feliz. Mi vida transcurre como debió ser la de un gentilhombre europeo continental antes de la Revolución (la francesa), lecturas, algo de trabajo (cada vez menos), un poco de ejercicio en la bicicleta estática (el gentilhombre daría un largo paseo a caballo -¿no hay un toque de decadencia en todo?-), algo más de lectura al sol y una película de la época dorada de Hollywood cada noche. Los días fluyen cada vez más rápido, de una pequeña lluvia que creíamos que pararía en cualquier momento hemos pasado a una fuerte borrasca que nadie sabe cuándo nos querrá abandonar, lo único que me sobresalta en mi castillo es alguna idea original o un pensamiento desde un ángulo oculto para mí que me muestra mi compañero de reclusión Montaigne.

“Lo leo como otra gente lee la Biblia: abro mi Montaigne y leo una página o dos, al menos una vez por semana, por placer, sin más. Para mí, no hay mayor goce en el mundo” Orson Welles.

He aprovechado el confinamiento para volver a leer Robinson Crusoe. No quedaba en mi memoria más que algún rescoldo sobre Robinson y Viernes, pero muchos menos de los que imaginaba. Según iba avanzando en la lectura me preguntaba si yo realmente había llegado en algún momento este libro en mis manos ¿a qué edad lo leería por primera vez? Cómo es de atrevida la osadía que si alguien me hubiera preguntado antes de esta relectura mi opinión sobre la novela le habría contestado sin inmutarme que era un libro magnífico. Envalentonado es probable que hasta le hubiera insistido que se hiciera con uno. Sí, lo es, es un libro magnífico, pero lo puedo decir ahora que lo he vuelto a descubrir (no hay otra palabra, porque realmente es como si nunca hubiera estado antes en aquella isla) con unos añitos de más y con algunas experiencias en la mochila. Me pregunto ¿cuántas opiniones tengo sobre lugares, libros, películas o incluso personas (puedo seguir con la lista) totalmente erróneas debido a que se basan en razonamientos ingenuos, pueriles o superficiales realizadas por mi personaje de hace 20, 15 ó 10 años el cual era un personaje totalmente diferente al de hoy? En este caso, mi visión juvenil y adulta de Robinson Crusoe han coincidido, pero creo que se debe más al azar que a un juicio sosegado.

Pasan los días y cada vez estoy más convencido de que sería el recluso modelo en prisión. A tal hora se come, a tal hora se lee, a tal hora se sale al patio, a tal hora se apaga la luz. Perfecto, gracias.

Matriculado en el segundo cuatrimestre en arte prehistórico y no he abierto el libro durante este periodo de reposo. Aquí al lado tengo los apuntes observándome mientras tecleo. Dos páginas he leído en 15 días. Me miran como diciéndome: “hasta que no quede un mes no vas a acercarte ¿verdad?”.

El mejor momento del día es entre las 8:30 y 10:30 cuando me hago el café a fuego lento en mi cafetera y tras ojear por encima los periódicos (la decadencia es terrible) me siento en el sofá con mi café caliente y mi vaso de agua. No sé cuál es el segundo mejor momento del día.

Hay algo de vanidad, no lo puedo evitar, en haberme adaptado tan magníficamente a esta reclusión. No lo puedo evitar. Hablo con amigos que no lo llevan tan bien y cuando me preguntan les contesto con un: “bien, ya sabes, sin más… esperando a que esto pase”.

En Teledeporte reponen la contrarreloj de Induráin del año 92 en Luxemburgo. Una de las mayores hazañas del ciclismo moderno. Recuerdo aquella tarde del verano del 92, mientras veía la contrarreloj apuntaba todos los tiempos intermedios para que cuando mi padre se levantara de la siesta pudiera ir al trabajo debidamente informado.

¿Tengo alguna idea propia? Estoy convencido de que no. He cogido de aquí, he copiado de allá y he robado algo de más allá, pero mío, mío y sólo mío, nada. Tampoco creo que muchas personas puedan decir que tiene alguna idea propia. Y no me estoy refiriendo ahora a elevados pensamientos filosóficos. ¿Quién tiene en 2020 una idea propia?

¿Qué haré en cuanto salgo de aquí? Pues continuar mi vida normal. Es más que suficiente. ¿Un pequeño placer que echo en falta? una copa de manzanilla en una terraza con una gilda.

Veo Sospecha de Cary Grant y pienso en el actor de doblaje español ¿cómo debió ser su vida en España siendo la voz de Cary Grant? ¿le reconocerían cuando iba a los bares? el cine es la manera de andar de Cary Grant, su forma de besar, su estilo llevando un traje, su modo de sujetar una copa o una taza, esa forma de sentarse que tenía, el cine es Cary Grant o, mejor dicho, Cary Grant es el cine ¿sucumbió el actor de doblaje al personaje? Yo me habría rendido como el soldado más cobarde que jamás haya ido a una guerra. Puestos a vivir una vida que no es la mía, que sea la de Cary Grant. Habría llevado esa nueva vida hasta el epitafio.

Llega la primavera y pronto olerá a primavera ¿qué olor exhalarán los almendros en flor que había ido descubriendo por Madrid? ¿será una primavera robada la del año 2020?

¿Es primavera?

La colina sin nombre

se ha perdido en la bruma

Haiku de Matsuo Basho.

“Que el cielo siga siendo siempre azul para usted, mi joven amigo” Proust en Por el Camino de Swann.

Marzo 2020

Recluido con mi madre durante el periodo que sea necesario. Mi madre está contenta porque un hijo le hace compañía, aunque quizás hubiera preferido otro hijo para una reclusión. Por las noches vemos una película clásicas. Hemos visto ya Eva al Desnudo, El Apartamento, Las Uvas de la Ira, Historias de Filadelfia y otra que ahora mismo no recuerdo. Esto va para largo pero me distribuyo bien el día entre trabajo, lecturas, películas y algo de ejercicio. Vamos a exprimir a nivel mundial la famosa máxima de Pascal y comprobaremos dónde está el límite de cada uno.

«Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación.» Pascal.

Estaba yendo a clases de sevillanas. Un pequeño reto. No soy muy buen bailarín (traducción: tengo dos patas de palo por piernas y una cintura de titanio)

Me acuerdo de esto de Loriga: “Y por más que ahora quiera ser de una vez el hombre que baila, condenado como está a ser el hombre que mira, no encuentra ya ningún consuelo”. De su libro Ya sólo habla de amor.

Este verano pasé unos días en casa de un amigo en Ibiza. Su retiro ibicenco es de productor de Hollywood de la época dorada y se encuentra cerca de una cala con unas preciosas vistas. La morada es muy luminosa y los vecinos de la urbanización son de los considerados “ilustres”. A mi amigo le ha ido muy bien con sus negocios y una tarde nos hizo un reflexión que me persigue desde entonces. Nos comentaba, con total franqueza y sin exagerar, que creía haber alcanzado ya todos las metas profesionales que se había ido poniendo y que al llegar a la cima, no había sentido nada, ni un especial orgullo, ni tampoco un placer diferente al de otras ocasiones, nos insistía en que ahí arriba no hay nada y que ahora sin metas se sentía perdido en el plano profesional. Yo miraba a todos los lados, de frente el Mediterráneo, a la izquierda la piscina, a la derecha un campo de fútbol sala y pensé que quizás es cierto aquello que tantas veces he escuchado y que nunca había querido creer (quizás porque opinaba que tiene algo de cursi o, a lo mejor, porque me suena a excusa fácil de aquellos que prefirieron renunciar a las metas y esconder así un fracaso cuyo culpable es la pereza o la vagancia), la idea de que el camino no sólo es lo importante, sino lo único; de que realmente no hay metas o que si las hubiera el fin no es alcanzarlas sino lo que te ha ido ocurriendo durante el proceso: la gente que has conocido, los esfuerzos que has hecho, los sueños que has tenido, las esperanzas que te has ido creando. Ahora sí que tengo dudas, dudas sobre todo.

Pensando tanto en ello, hoy me he encontrado esta frase de Montaigne que he subrayado: “El papel propio de la verdadera victoria es la lucha, no la salvación; y el honor de la virtud radica en combatir, no en vencer”.

No me gustan las fotos coloreadas. Es como el mal periodismo, te dejan ver la noticia pero no te permiten acercarte a la realidad.

Al irme de mi casa no he podido comprar flores estos dos últimos viernes. Las últimas que compré fueron gerberas y crisantemos. Seguirán en el jarrón muriendo cada día un poco, lentamente. Siento pena por ellas.

El año que me apunto a aprender sevillanas suspenden todas las ferias por una pandemia mundial.

En la terraza de Ibiza olía a dama de noche. Qué maravilla de olor, qué sensación de sentirse libre, en paz, feliz, y deseoso de emprender nuevas empresas y todo gracias una copa de vino blanco (era José Pariente), el olor de la planta y una noche de verano en el Mediterráneo.

Veo tocar el violín con pasión, manejándolo como si fuera una extremidad más de su cuerpo, y yo que no sé hacer nada, me quedo fascinado.

Me he dado cuenta paseando estas últimas semanas por Madrid de que hay muchos almendros en flor por sus calles. Tantos años viviendo aquí y no había visto ni uno antes. Miro pero no veo. ¿En cuántas más cosas seguiré ciego?

De la biografía de Sila paso a leer las Catilinarias de Cicerón, de ahí a El Orador y Las Paradojas de los Estoicos, también de Cicerón, Séneca nunca consideró a Cicerón un estoico porque estaba alejado del modelo estoico de no buscar gloria ni riquezas. La tercera o cuarta Catilinaria es una autoalabanza para decirnos que él salvo a Roma y se compara con Rómulo y Mario. Acabo de terminar el capítulo que Montaigne le dedica a Cicerón.

“¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?” cambias Catilina por cualquier otro nombre y encaja perfecto.

No me gusta el mensaje que se está lanzando durante la pandemia de que todo saldrá bien, básicamente porque es mentira. No saldrá bien para la gente que fallezca, que ya son miles y serán decenas de miles más, tampoco para sus familiares que nunca se recuperarán; y qué decir de la economía, donde tendrán que tomarse las mismas medidas que en una época de guerra: quitas de deuda, que las empresas dejan de producir en lo suyo para producir bienes de primera necesidad, desempleo, más deuda, nacionalizaciones… El mensaje es seguir infantilizando la sociedad. Pero todavía hay algo que me gusta menos, que nos muestren a niños lanzando el dichoso mensaje de que todo saldrá bien o haciéndoles dibujar pancartas para colgarlas en los balcones.

Veo con mi madre Cantando bajo la Lluvia y pienso que si la definición de bailar del diccionario encuadra tanto a lo que hago yo en mis clases de sevillanas como a lo que hacen Ginger Rogers y Donald O’Connor estamos ante un tremendo error que la RAE debería subsanar el mismo día que levanten el confinamiento.

Montaigne se retiró voluntariamente a los 38 años a una torre de su castillo a escribir sus ensayos.

“Dudar me gusta tanto como saber” de Dante, lo cita Montaigne.

Qué pena me da haberme dejado en mi casa de Madrid los Diarios de Iñaki Uriarte. Es el compañero perfecto para estos tiempos de reclusión. Libro de mesilla de noche, leer una página y cerrarlo. Tiempos convulsos dicen algunos ¿pero cuándo no ha vivido la humanidad tiempos convulsos?

Febrero 2020

¿Y si la pereza no fuera tan horrible (pecado capital) porque así los malos no llegan a realizar algunas de sus malvadas actuaciones?

Ha fallecido David Gistau. Le conocí en enero de 2014, el mismo día que conocí a Jabois. Quedamos a comer un sábado en un restaurante de la plaza Marqués de Salamanca. Era un tipo cercano. Luego escribió dos artículos en el ABC en los que me citaba y que, obviamente, me hicieron mucha ilusión. Los tengo aquí en casa guardados en una especie de baúl debajo de una mesa del salón. Nunca los he vuelto a leer. En ese baúl he ido metiendo momentos de mi vida que merecen la pena ser recordados, la mayoría son recuerdos agradables pero hay algunos que todavía duelen y dolerán siempre. Así de primeras, me vienen a la cabeza algunos recuerdos encerrados en el baúl: las bandas de graduación de la universidad, los artículos de Gistau, la esquela del fallecimiento de mi padre, entradas de partidos del Madrid, un artículo que le escribió un amigo de mi padre en El Diario Montañés uno o dos años después de su fallecimiento, sé que hay fotos pero no recuerdo de qué, la factura de alguna comida con amigos que merece la pena ser recordada… ¿qué tendré guardado que ahora no recuerdo? Nunca me he atrevido a abrir el baúl, cuando meto algo, que no es muy a menudo, lo tiro sin mirar y sin orden. Algún amigo lo llamaría vertedero emocional, pero yo creo que es más como un trastero emocional. Un lugar donde vas dejando recuerdos sin ningún tipo de orden y a donde no quieres nunca ir pero que, sin embargo, te da cierta tranquilidad saber que existe; es como una especie de herencia de mi paso por la Tierra. Con la muerte de Gistau pensé en abrirlo y leer los dos artículos. No he tenido fuerza. Ahí sigue el baúl, mirándome mientras escribo. Estoy recordando el chorro de voz de Gistau. Descanse en paz.

Séneca sobre la brevedad de la vida: “No hallamos a nadie que quiera compartir su dinero: ¡entre cuántos distribuye cada uno su vida! Son parcos a la hora de conservar su patrimonio: tan pronto llegó la ocasión de perder el tiempo, son muy derrochadores de su tiempo, única cosa en la que ser avaricioso es una virtud”.

En el hotel Uro con C., llega el pianista, nos saluda y se pone a tocar. Estamos solos a excepción de un señor mayor inglés, muy mayor, que habla con el pianista y se emociona con las canciones que van sonando. Precisamente a Gistau le leí un par de veces que Manuel Vincent le decía que hacerse mayor es que te reconozcan los pianistas de los hoteles. C. me pide que hable con el pianista para pedirle Piano Man, cuando suena se acerca a mí y se emociona. Hay momentos, situaciones o recuerdos que no se pueden meter en el baúl pero que, no obstante, siempre quedarán guardados y clasificados en mi memoria. Éste es uno de ellos.

¿Qué es mi (la) vida sino recuerdos?

Día de San Valentín y he tenido examen en la UNED de historia antigua. Me ha ido bien: civilización minoica, religión en el Imperio Antiguo, la tetrarquía… hacía tanto tiempo que no escribía tan seguido a mano que me ha estado doliendo gran parte del examen. Cuando he salido había un sol madrileño de febrero, era viernes por la tarde y he sentido la misma liberación que puede sentir un preso al abandonar la cárcel, pero si algo he disfrutado al volver paseando a casa ha sido un momento de felicidad. La misma que cuando salías contento de un examen a los 19 años. Al final, la vida no cambia… tanto.

Hoy hace ocho años que falleció mi padre. Sólo somos recuerdo.

También Séneca: “vivís como si fuerais a vivir eternamente, jamás os acordáis de vuestra fragilidad, nunca reparáis en cuánto tiempo se os ha ido ya”. La parte en negrita yo lo traduzco así: vivimos como si fuéramos inmortales.

Es viernes y me he comprado flores. He decidido que a partir de ahora siempre tendré flores en casa. Las he puesto en el centro de la mesa del salón. Para este primer ramo he dejado que la dependienta decidiera. Qué maravilla, cómo huele la casa. Me quedo mirándolas mientras leo desde el sofá, me dan alegría y producen belleza ¿quién puede decir que dejará el mundo aportando alegría y belleza al resto?

He visto la película Lady Bird. Hacía mucho que no veía una película con tanta sensibilidad. No parece de nuestra época.

Sábado y tengo un cumpleaños en club Allard. Me he puesto el esmoquin. No se me ocurre un acto más revolucionario en el 2020.

Estoy deseando llegar a casa para ver las flores.

He leído un biografía de Sila para el examen de historia antigua y profundizar en las guerras civiles entre Mario y Sila. Me ha fascinado el personaje de Sila; sobre todo porque tras convertirse en dictador (sanguinario) y emprender una serie de reformas, decidió abdicar y retirarse a vivir como un ciudadano más los últimos años de su vida. ¿Quién ha podido tener más poder que un dictador romano? Nadie sabe por qué decidió abdicar. Dice Plutarco que tras la abdicación: “paseaba por el Foro como simple ciudadano, exponiendo su persona a los atropellamientos e insultos.” ¿Quién haría algo así en el 2020?

Cambio todos los días por la mañana el agua a las flores, me produce paz y también alegría. Qué bien huele la casa.