Enero 2020

Ahora que estoy estudiando historia antigua, me encuentro que muchos días mientras voy caminando hacia al trabajo le explico a un compañero imaginario La Eneida o las Guerras Médicas. No sé muy bien por qué hago esto, ya que nadie me va a pedir nunca que le cuente La Eneida o las Guerras Médicas; y yo tampoco se lo voy a contar a nadie si no me lo piden. El caso es que según llego al trabajo caigo en la cuenta de que llevaba todo el camino con los auriculares puestos con música de fondo. Ni me había enterado. Así llevo semanas.

Las ostras en Madrid siempre cuestan lo mismo, o por lo menos en los sitios donde yo las encuentro: 4 ó 4,5 euros. Nunca me han parecido un signo de distinción. Yo a veces también las he pedido para ver si me empiezan a encantar (y, ojo, me gustan pero no me vuelven loco), a mí hay cosas que me gustaría que me encantaran pero no lo consigo: como el jazz, el whiskey o la ópera. Cuando veo a gente disfrutar tanto con estos placeres siento envidia. Aunque imagino que en muchos habrá algo de pose. Volviendo a las ostras, creo que una buena croqueta es mejor que una ostra y cuesta menos de la mitad. Esta es una opinión prohibida, lo sé. En Can Carlos en Formentera comí una ostra rebozada buenísima. Tengo ganas de volver a Can Carlos, me pareció un restaurante precioso. También es verdad que en verano todo sabe diferente (mejor).

Una compañera del trabajo me dijo una vez que se me nota que hablo mucho solo porque no paro de gesticular. Me he fijado y, la verdad, es que tiene razón. Hay veces que voy por la calle moviendo los brazos y discutiendo en debates imaginarios. «Pasas tanto tiempo solo que con quien más hablas es contigo» me contestó cuando le dije que tenía razón.

Cuando compro un libro de tapa dura lo primero que hago es olerlo. Sin embargo, en los de tapa blanda no suelo hacerlo.

Leo en el manual de historia antigua que Trajano en el 114 d.C. trató de frenar el despoblamiento rural. La Roma vaciada.

«A algunos ya sólo nos queda la frivolidad» me encanta esta frase.

Llevo años diciendo que me tengo que comprar un buen paraguas. Pero sigo sin paraguas. No sé cuántos paraguas habré olvidado en mi vida. Creo que hay algo en mi interior que me dice: «no te gastes dinero en un paraguas que lo vas a perder el segundo día de lluvia y luego te llevarás un disgusto. Si nos conocemos».

El otro día discutíamos unos amigos sobre si los matrimonios debían dormir en la misma cama. A día de hoy me parece la respuesta más lógica a un conflicto como el matrimonio. El día que quieras encontrarte con tu mujer pues te encuentras, pero hasta entonces ¿por qué tener que estar sufriendo en la cama por las rutinas del otro? Una de las cosas que más me marcó de la serie de Downton Abbey es que los condes solían dormir en camas diferentes. ¡Eso sí que es un signo de distinción y no comer ostras! «Hija, no te equivoques, el secreto de un matrimonio largo y feliz es tener baños diferentes» le dijo la abuela a una amiga. Mi amiga es aristócrata, así que empiezo a ver un patrón común. Le he dado muchas vueltas a ese consejo y me parece que la abuela de mi amiga tiene razón. Pienso que hay consejos como éste que valen más que cualquier libro de autoayuda y la gente pasa por encima de ellos por considerarlos frívolos.

Como ahora todo el mundo habla de política y a mí no me gusta hablar de política (y aquí jamás hablaré de política) acabas pensando en algún tema político candente. Es increíble la cantidad de veces en los últimos años en los que he cambiado de opinión sobre asuntos en donde creía tener una base sólida de pensamiento y, por tanto, inamovible. Lo cual me ha recordado a la frase que Sánchez-Ferlosio le dedicó a Manuel Vincent: «no es de valores eternos, pero sí de placeres efímeros». Apuntada queda.

Sobre placeres efímeros, me estoy acostumbrando a pedir fuera de casa café americano. Noto que me sienta mejor. La mayoría de las veces, el camarero ya me trae en la taza el agua caliente mezclado con el café y yo lo único que tengo que hacer es remover el café con la cucharilla hasta que se enfríe. Operación que en algunas cafeterías me lleva más de cinco minutos. Sin embargo, hay veces (las menos) que me viene el café sin el agua hirviendo y con una jarrita al lado para que me lo sirva yo. No sé qué hacer. Me quedo paralizado. ¿Cuánto me echo? ¿cuántas veces? ¿habrá un experto en café americano al lado mirándome a ver si lo hago correctamente y sino contárselo a su joven y guapa acompañante que mi mirará disimuladamente y se reirá de este pobre paleto?

No me gusta que en los libros no traduzcan párrafos o versos de otros idiomas. Especialmente el francés porque no lo hablo y siempre he querido hablarlo. Es una de esas espinas que sabes que ya siempre vas a tener. Según te vas haciendo mayor te vas recubriendo de espinas.

Me gustan mucho las mujeres que van sin medias en invierno. Demuestran actitud y sentido estético. Son las modernas Aníbal cruzando los Alpes con elefantes.

Una de las cosas malas de escribir es que luego queda todo por escrito.

He leído una biografía de Alejandro Magno de Robin Lane Fox que no me ha gustado mucho porque el autor está enamorado del personaje. En mi experiencia, lo que suele pasar con las biografías es que el autor está enamorado del personaje o le odia; por ello, prefiero las autobiografías: ya sabes a lo que te enfrentas.

¿Nunca nadie se ha hecho la pregunta de si Aristóteles fracasó como filósofo ya que fue el tutor de un joven Alejandro que luego se autoproclamó Dios, fue un genocida (sí, era otra época) y mató a sus amigos cuando iba borracho en ataques de cólera? Imagino que no soy el único en la historia que se ha hecho esta pregunta.

Me he venido hoy al trabajo explicándole, y con buena dicción, a mi amigo imaginario las Guerras Púnicas; primero perdieron Sicilia, luego Córcega y Cerdeña, ah y las Guerras de los Mercenarios, luego las luchas en Hispania y cómo Aníbal cruzó los Alpes y derrotó a los romanos pero, y no sé se sabe muy bien por qué, Aníbal no se atrevió a atacar a Roma y los cartagineses acabaron totalmente destruidos. Se construyó una nueva ciudad romana sobre Cartago. Espero, por lo menos, no haber gesticulado mucho hoy por el camino.