Invulnerable

Una de las pocas lecciones que uno aprende cuando ya por fin se ha hecho mayor ¿a qué edad es eso? es que la vida consiste en perder. Quizás es la única lección que realmente se aprende en esta vida. Cuando eres joven e inmortal los sueños son realizables, los caminos tienen un destino y las preguntas respuestas. Pero pasan los años y las desilusiones se amontonan, los reveses te llueven y todo en lo que crees en algún momento se desmorona.

¿Quién no ha perdido alguna vez? No conozco a nadie. La vida consiste en lidiar con la derrota, en saber manejarla. Quien nunca ha perdido nunca ha tenido sueños, ni ilusiones, no se ha hecho preguntas; pero quién sabe, quizás la felicidad consista en no hacerse demasiadas preguntas.

Nos refugiamos en el pasado para colonizar un nuevo país sin fracasos que jamás ha existido. «Mi lugar favorito es el pasado» decía Arcadi Espada en un artículo donde recordaba comidas que probablemente nunca disfrutó. Vivimos sobre recuerdos, unos reales y otros imaginarios.

En El Crack Cero, la mejor película que he visto en 2019, Germán Areta, el detective protagonista, dice una frase que resume una vida ¿mi vida? ¿todas las vidas? (escribo de memoria, así que me traerá lo que ella quiera): «sí, soy un perdedor, pero un perdedor muy bueno».

Cuando uno empieza a acostumbrarse a perder puede comenzar a vivir, ese pasito al lado que se da para ver las cosas con más calma, sin prisa, con la tranquilidad de saber que los palos van a llegar y que tan bien resume Séneca en la mejor frase que le he leído: «Invulnerable no es el que no recibe daño, sino el que sabe aguantar los golpes». Me gusta Séneca en sus libros sobre la firmeza del sabio, sobre el ocio, sobre la tranquilidad del alma, sobre la brevedad de la vida y las cartas a Lucilio. Escribe desde la derrota, porque es desterrado siendo el hombre más rico del imperio romano, y nos guía sobre cómo tratarla.

¿Qué es para mí la clase? Mantenerse en pie mientras todo lo que te rodea se hunde. Es decir, perder mejor que el resto. Perder con estilo. Pero aprender a perder no quiere decir dejar de luchar, porque conformarse a perder sería otra forma de morir.

Feliz Navidad